lunes, 5 de octubre de 2015

Homenaje a los Lectores 0

El mes de septiembre lo he pasado subida en una montaña rusa emocional.


Ha habido de todo. He acabado una relación profesional que no me aportaba nada, he recibido el contrato para la publicación de mi saga por Ediciones B, y mantuve una conversación con una escritora de altura, que me animó un montón y me dio muy buenos consejos. Gracias, Dolores.


Uno de esos consejos fue que me buscase un grupo reducido de lectores 0. Lectores que conociesen mi forma de escribir, a los que les gustase mi estilo. Pero la condición más importante era que fuesen sinceros.

Medité durante un par de días para encontrar a las personas idóneas e hice una selección mental. Estaba convencida de que alguno de ellos me diría que no. Pero me equivoqué, todos aceptaron.


Ha resultado ser una de las mejores experiencias de mi vida como escritora. Una de las más enriquecedoras, sin duda. Ver la impresión que causaba mi nueva novela en ellos "en tiempo real" como dirían en las noticias, me ha enseñado mucho sobre mí y sobre mis letras.


No voy a desvelar la identidad de ninguna de las personas involucradas, pero desde aquí mi homenaje para ellas. El cariño ya lo tenían. 

El primero es un lector empedernido, crítico ácido y sin compasión. Nada sensiblero y muy exigente. No le importa dormir en el sofá si es en aras de la buena literatura. Veredicto: En tu línea. Unos excelentes personajes.


La segunda tiene 19 años. Lectora cuando los estudios se lo permiten. Sensible y con tendencia a encariñarse con los personajes si la novela le gusta. Veredicto: ¡No quería que se acabaseeeee!

La tercera es una mujer de armas tomar. Pura fuerza y autenticidad. Sincera hasta el tuétano. Lectora experta y exigente que pone el corazón en todo lo que hace (la generosidad la lleva en la sangre). Veredicto: Nena, has escrito un novelón. Y de aquí sale otra novela.



La cuarta es una mujer de cine. Una lectora sensible y detallista, que no ha dejado escapar ni una mota de polvo en ninguna de las páginas de su lector digital. Veredicto: Me gustaría que estuvieras aquí para poder abrazarte y darte las gracias por todos los momentos que he disfrutado leyendo tu libro.  


La número cinco es una reseñadora extraordinaria. Alguien que parece meterse los libros en vena. Lee rápido y ha sido certera como un cirujano al diseccionar la novela. Sus zapatos harían un buen papel en mi historia. Veredicto: Es una novela de personajes. Marca de la autora. Tienes un buen producto entre manos.


La sexta es una lectora muy especial a la que conocí gracias a Nela. Es generosa y muy entregada. Sus "testamentos" sobre la novela me han sido de gran ayuda y me han dado una visión original de los comportamientos de mis personajes. Veredicto: Una historia maravillosa.


La séptima es una bloguera que ayuda en todo lo que puede a los autores a los que conoce sin pedirles nada a cambio. Es una lectora voraz, muy intuitiva y perspicaz. Veredicto: Has conseguido dotarla de mucha sensibilidad y ternura. Todos los personajes acaban robándote el corazón.


¿Qué más se puede pedir? Me siento enormemente agradecida y muy afortunada. Hemos revisado la novela junt@s, cada un@ aportando su granito de arena al conjunto, dándome una visión del mundo que yo había creado. Detalles que me han emocionado hasta las lágrimas. Me han hecho reír y también estrujarme el cerebro con sus análisis de las situaciones y los personajes.

Ell@s han elegido su avatar lector y yo también elijo el mío.



¡Felices lecturas!





martes, 22 de septiembre de 2015

Estoy segura de que me vuelvo loca de nuevo...


"La vida misma, cada momento de ella, cada gota de ella, aquí en este instante, ahora, en el Sol, en Regent's Park, fue suficiente, de hecho, demasiado." (La señora Dalloway).

En el cielo brillaba un Sol intenso, que iluminaba el camino que llevaba al río Ouse. Pero hacía frío. Su paso era decidido, ya lo había intentado antes, pero el instinto de supervivencia le había vencido siempre en el momento crítico.

Ahora no fallaría.
Cargó en sus bolsillos las piedras de la victoria, una por cada vez que lo había pensado.

Sobre la mesa quedó la carta para Leonard:


"Querido:
Estoy segura de que me vuelvo loca de nuevo. Creo que no puedo pasar por otra de esas espantosas temporadas. Esta vez no voy a recuperarme. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. Así que estoy haciendo lo que me parece mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todos los aspectos todo lo que se puede ser. No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció. No puedo luchar más. Sé que estoy destrozando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y sé que lo harás. Verás que ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirte que… Todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera haberme salvado, habrías sido tú. No me queda nada excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo.
No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros
V."


Adeline Virginia Stephen, nació en Londres el 25 de enero de 1882. Hija del escritor Sir Leslie Stephen y de su segunda esposa, Julia Prinsep Jackson, tuvo tres hermanos, Vanessa, Thoby y Adrian y cuatro medio hermanos, Laura, George, Stella y Gerald, de anteriores matrimonios de sus padres.

En el seno familiar se gestan los trazos fundamentales de nuestro carácter y, al parecer, a partir de la muerte de su madre, cuando Virginia contaba 13 años, sufrió abusos por parte de su hermanastro, George, que podrían ser la raíz de sus problemas mentales futuros. En muchos casos, estas víctimas guardan en secreto los ataques recibidos y, aunque algunos de sus biógrafos tuvieron conocimiento de estos hechos y una de sus hermanas aseguró haber sufrido las mismas agresiones, Virginia solo llegó a insinuarlo veladamente en su obra A Sketch of the Past, por lo que no podemos asegurar qué ocurrió realmente.

"La sensación -afirmaba- de que la primera hora de cada mañana es algo tan dulce y calmo como el suave golpe de una ola, unida al presentimiento casi permanente de que algo horroroso está siempre a punto de ocurrir." (Las olas)
En el ámbito intelectual su casa era visitada asiduamente por escritores, filósofos, poetas y artistas de la época y ese ambiente generó en ella un apasionado amor por la cultura, en especial por la literatura. Su educación fue, en lo básico, como la de cualquier jovencita de la época, pero con el aderezo de aquellos ilustres visitantes. Las enseñanzas de su padre y la enorme y fascinante biblioteca que éste poseía y que ella devoró con la absoluta seguridad de que para poder escribir es necesario leer mucho, pusieron el colofón a su formación. A pesar de ello, siempre consideró su preparación insuficiente ya que creía que la educación de las hijas era siempre sacrificada al interés de los varones de la familia.

En 1904 muere su padre y con él pierde el interés por seguir viviendo e intenta suicidarse, esta vez ingiriendo somníferos. Después de esto, se fue a vivir con sus hermanos Thoby, Vanessa y Adrian al barrio de Bloomsbury.

Allí, los hermanos crearon el Grupo de Bloomsbury, junto a intelectuales que Thoby conoció en el Trinity College de Cambridge: Clive Bell, Leonard Woolf, E.M. Foster, Lytton Strachey y Roger Fry. 

Por aquel entonces Virginia ya escribía de manera compulsiva y los que la conocían opinaban que no podía vivir sin escribir. Esa era una de las tragedias de la escritora: si no escribía no era feliz, pero escribir le producía una profunda ansiedad. 

En 1906 Thoby murió y esa pérdida contribuyó a alimentar su cotidiana tristeza. 

En 1912 Leonard Woolf le pide que se case con él y, a pesar de las dudas, Virginia acepta a "ese judío sin un penique". 

Leonard fue una persona comprensiva y paciente que estuvo a su lado hasta el último momento. Fundó la editorial Hogarth Press que editó la obra completa de Virginia y otros escritores como T.S.Eliot.

Para Virginia el argumento sobrepasa a los propios personajes, y su estilo de escritura resulta novedoso para la época. Sus historias buscan la conciencia de los comparsas, de los que se vale para tejer el argumento. Las ideas, tal y como se manifiestan en la imaginación del que las posee, un monólogo interior propio del lenguaje poético. Mirar hacia adentro por ser demasiado consciente de lo que te rodea, indagar en ti mismo por no reconocerse en el otro.

Leer a Virginia Woolf es escucharla hablando en un sillón apartado, en un rincón del salón. Sola. En penumbra. Largos párrafos suspendidos en el tiempo, paseos distraídos por la razón y la cordura.

"Un buen ensayo debe tener esta cualidad permanente; debe bajar su cortina alrededor nuestro, pero debe ser una cortina que nos encierra dentro, no fuera." (El lector común)


La Segunda Guerra Mundial la afectó de un modo especial, no dejaba de preguntarse cómo podían evitarse los conflictos bélicos y trataba de encontrar un modo de comprender el hecho irracional que impulsa a los seres humanos a destruirse por mandato de otro.

"No son las catástrofes, los asesinatos, las muertes, las enfermedades las que nos envejecen y nos matan; es la manera como los demás miran y ríen y suben las escalinatas del bus". (El cuarto de Jacob)

La figura y posición de la mujer de su época también formó parte de su canal de conversación interno.

"Las mujeres han vivido todos estos siglos como esposas, con el poder mágico y delicioso de reflejar la figura del hombre, el doble de su tamaño natural." (Una habitación propia)


Ahora se dice que su enfermedad era un Trastorno Bipolar, así de sencillo. Yo prefiero creer que se trataba de otra cosa. En este mundo, extraño y simple, se sobrevive mejor aletargado. No es mundo para los que se preguntan y buscan respuestas, primero en ellos mismos y después en aquello que les acompaña. Virginia era uno de esos raros especímenes que busca la razón en todo lo que la rodea, en sus propios pensamientos, que a veces le resultaban incomprensibles, en las personas que hacían y deshacían sus ovillos vitales.

El Tiempo. Las horas. Las olas.

"Y también en mí se alza la ola. Se hincha, arquea el lomo. Una vez más tengo conciencia de un nuevo deseo, de algo que surge en el fondo de mí, como el altivo caballo cuando el jinete pica espuelas y después lo refrena con la brida. ¿Qué enemigo percibimos ahora avanzando hacia nosotros, tú, sobre quien ahora cabalgo, mientras piafamos en este pavimento? Es la muerte. La muerte es el enemigo. Es la muerte contra la que cabalgo, lanza en ristre y melena al viento, como un hombre joven, como Percival cuando galopaba en la India. Pico Espuelas. ¡Contra ti me lanzaré, entero e invicto, oh Muerte!

Las olas rompían en la playa "


miércoles, 16 de septiembre de 2015

La insoportable levedad el ser



Esta obra, ambientada en Praga, es un relato escrito con lenguaje claro e irónico y cierto aire de misterio. Sí, misterio, porque dibuja unos personajes con tanto trasfondo que a la fuerza esperas que algo les suceda. Algo como la vida misma.
La recomiendo.

Los seres alrededor de los cuales gira la historia de este escritor checo, son dos parejas cuyas vidas se entrelazan en algún momento de su existencia y cuyas personalidades son tan distintas que en un plano de similitud jamás se habrían conocido. Los celos enfermizos de Teresa por Tomás, que por su parte tiene un deseo irrefrenable hacia todas las mujeres; el cándido idealismo de Franz, amante de Sabina, la pintora que pinta la realidad que se esconde tras el lienzo y cuya ansia de libertad la domina por completo.

He de decir que el personaje que más me cautivó fue el de Teresa; su absoluta conciencia de error, sus sueños, sus miradas al espejo, tratando de encontrarse a sí misma dónde solo ve a la madre que nunca la quiso.

Es una novela escrita para llegar al corazón pero que pasa irremisiblemente por la cabeza. La filosofía de Nietzsche, siempre presente, junto a una aproximación a la historia que vivió la Republica Checa en los años de la invasión soviética, son el decorado de la narración cotidiana de sus personajes.

Para Milán Kundera, "el Ser" adolece de una "insoportable levedad": ya que cada persona solo puede vivir una vida, no podremos "perfeccionarnos". Así, nuestra vida, se convierte en insignificante y nuestras decisiones, en algo irrelevante. Sin embargo, esas decisiones se nos hacen a veces insoportables. La insoportable levedad del ser.

Es sorprendente la importancia del personaje que encarna Karenin, el perro de Teresa y Tomás, que con su vida, repetitiva y monótona, hace que nos preguntemos si no será la suya la tan ansiada felicidad tras la que todos vamos.

Milán Kundera, que militó en el Partido Comunista en su juventud, no se reprime al criticar el socialismo que imperó en la Europa del Este durante la guerra fría. En 1968, a consecuencia de la invasión soviética de su país, sus obras se prohibieron y se quedó sin trabajo. Al leer la novela pronto te das cuenta que el escritor se convierte en protagonista de sucesos que les ocurren a sus personajes. Ahí está él, detrás de la grieta del lienzo.

Tuvo que esperar hasta el año 2006 para ver publicada la novela en su país.

lunes, 25 de mayo de 2015

Doce escritores que creen que se puede.




Lancé mi reto a los cuatro vientos para ver si había algún loco que quisiera apuntarse y ya son once escritores los que se han apuntado a remar conmigo.

Una novela en tres meses ya tiene un grupo de Facebook:





¿Las condiciones? Libertad total a la hora de crear, sin género establecido, sin temática ni extensión. Escribir lo que cada uno quiera, lo que su inspiración le dicte. La única premisa es: Una novela en tres meses y disfrutar del proceso.

Veremos en qué queda todo esto y qué tal nos va la experiencia. Yo, por lo pronto, lo estoy pasando en grande. 

viernes, 22 de mayo de 2015

Escribir una novela en tres meses


Cuando terminé el cuarto libro de mi saga, me quedé exhausta. Mi siguiente proyecto era escribir el segundo libro que pondrá el broche final a La tumba compartida, pero antes necesitaba algo que me ayudase a recuperar la fuerza narrativa. 

En ese momento estaba leyendo Mientras escribo, de Stephen King, y una de las cosas que me llamó la atención es que él opina que un escritor no debería tardar más de tres meses en escribir una novela. 



La primera impresión al leer eso fue: ¡Pero qué dice este tío! Pero durante el resto de la lectura no dejaba de pensar en esa premisa que era como un sonete machacón en mi cerebro: una novela en tres meses, una novela en tres meses... 

Al acabar su libro me dije, ¿y por qué no lo intentas? 

Así llegamos al día de hoy. Llevo nueve capítulos de este experimento que me sirve, además de como reto personal, también como divertimento. Porque os confieso que me lo estoy pasando en grande. 


No tiene título. De momento voy construyendo el esqueleto y dejo que las palabras fluyan. ¿Que saldrá de todo esto? Pues no lo sé, porque lo que empezó como una novela de género (algo a lo que no estoy habituada), poco a poco se va ramificando hacia otros lares, como me ocurre siempre. Así que, lo que iba a ser un proyecto sencillo y sin pretensiones, ha comenzado a complicarse. 



Yo sigo en mi empeño de ajustarme al plazo y no he dejado de comer y dormir, además de trabajar y otras cosillas, para cumplirlo. Veremos en qué queda esta aventura. Por cierto tengo una lectora menos 1 (si los que leen el primer borrador de tu novela se llaman lectores 0, los que la leen al tiempo que la escribes se llamarán menos 1, supongo).

Seguiremos informando...

sábado, 17 de enero de 2015

Los Vampiros Originales. El Quinto Sello III.

Me han preguntado muchas veces por qué me decidí a escribir una saga de estas características. 

Aunque en un primer momento pueda parecer extraño, no lo es. Soy una devota del siglo XIX y creo que la atmósfera gótica y el tipo de personajes que viven en esta historia podrían, perfectamente, vestir trajes victorianos.

A primera vista es una novela de género, con sus tópicos y emociones contenidas. Pero sus personajes no son de papel, son de carne y hueso: Lloran, ríen... y también sangran. 

¿Y por qué una adolescente como protagonista? Pues porque necesitaba a alguien "sin hacer" alguien capaz de aceptar lo inaceptable sin demasiado drama de por medio, sin el ¿por qué a mí? ¿por qué yo? Y eso solo lo pueden hacer los niños o quienes aún recuerdan que lo fueron.

La historia de amor entre los protagonistas es un clásico, es una de las manera que tiene el escritor de conectar las emociones del lector con las de los personajes. ¿Qué habría sido de Jane Eyre, sin su Rochester? ¿Y qué me decís de Elizabeth Bennet, sin Darcy? 

Ada es una adolescente como cualquiera de los muchos que veo a diario en mi trabajo. Como mi propia hija. Una adolescente con sueños adolescentes, que un día abre los ojos para ver que su mundo ha desaparecido. Todo en lo que creía era falso. Las personas a las que amaba eran unos completos desconocidos. Y descubre que lo que cuentan en las noticias son mentiras, lo que enseñan en la escuela son mentiras... 

Ada no siente la más mínima atracción por el mundo vampírico y preferiría cortarse ella misma la cabeza antes que ser uno de ellos. Pero no hay escapatoria. Porque, haga lo que haga, se va a convertir en un monstruo.



Los Vampiros Originales. El Quinto Sello III.


Quedan pocas escapatorias para alguien que tiene al enemigo en su interior. 

Después de salir de la Guarida, el hogar de los Cambiantes, Ada huye de Andrew y es captada por los Cautare Lumina. Con ellos aprenderá a defenderse y encontrará la fortaleza que necesita para enfrentarse a su destino. Pero los Vampiros Originales tienen órdenes de llevarla a La Forja y no cejarán en su empeño. De la mano de Andrew, Ada descubrirá que esconde un enorme poder y quiénes son sus Einherjar, guerreros incondicionales que jurarán protegerla. 


Nuevas visiones, nuevos personajes y una batalla final que llevará a nuestra protagonista hasta su temida comparecencia ante el Gran Consejo. 


Tercer libro de la saga El Quinto Sello, que se inició con Los Diletantes y siguió con Los Cambiantes. Todos ellos disponibles en Amazon.

lunes, 27 de octubre de 2014

El karma o cómo calentarse la cabeza.

Me preguntaba esta mañana, una persona muy cercana a mí, si creo en el karma y tuve un retardo significativo al contestar. 

Durante el resto del día he estado pensando en ello y es que la cuestión tiene mucha más miga de la que podría parecer en un principio.

En primer lugar busquemos el significado de la palabra, según la RAE:

karma.
(Del sánscr. karma 'hecho, acción').
1. m. En algunas religiones de la India, energía derivada de los actos que condiciona cada una de las sucesivas reencarnaciones, hasta que se alcanza la perfección.
2. m. En otras creencias, fuerza espiritual.

La primera acepción es la que todos conocemos y sobre la que esta persona que os he comentado me preguntaba. ¿Y qué es lo que me hace dudar a la hora de responder algo que requiere una respuesta tan simple como "sí" o "no"?

Algo me decía que no era tan sencillo.

Vayamos paso a paso.

Para creer en el Karma debo creer en la reencarnación. Es imprescindible. Y, además, también debo creer que, aunque no recuerde que he tenido otras vidas y no sea consciente de los pecados que cometí en ellas, debo pagar por ellos.

Y aquí nace mi primer rechazo. ¿Para qué sirve un castigo si no sé qué lo ha causado? En esta vida ese castigo me resultaría del todo injusto y, por lo tanto, no tendría ningún provecho en mi supuesto "crecimiento" para alcanzar la perfección. 

Si todo es una cuestión de causa/efecto (tú haces daño a alguien en otra vida y alguien te hace daño a ti en esta), pero nunca eres consciente de ello ¿qué incidencia tendrá este hecho sobre nuestra superación personal? 

Según esta teoría hay quién piensa que si haces algo bueno, el Universo te devolverá una acción con igual resultado. Muy bonito todo. Pero ¿qué pasa si le damos la vuelta a esa teoría? ¿Eso significa que cuando a alguien le pasa algo malo es porque lo merece? 

Una persona de mi círculo está convencida de que el cáncer lo produce, en parte, la mala conciencia. ¿Os dais cuenta de lo perversa que es esa idea? Porque con esta teoría justifica el dolor de muchas personas que no han hecho daño a nadie. 

Otra pregunta: ¿Uno es aquello que los demás recuerdan que es?
Os pongo un ejemplo. Un asesino nazi que ha matado a cientos de personas tiene un accidente, se golpea en la cabeza y olvida todo lo que ha sido su vida hasta ese día. Además, el golpe provoca otro cambio en él: ahora es una excelentísima persona, incapaz de hacer daño a nadie.
¿Si le metemos en la cárcel de por vida avanzará hacia la perfección?

Llegado a este punto ya tenía bastante claro que lo del karma no me convence nada. 

Entonces, ¿por qué he seguido dándole vueltas? Vale, porque soy escritora y le doy vueltas a todo, pero aparte de eso...

¿Os acordáis de aquello de que La energía/materia ni se crea ni se destruye, solo se trasforma? (¡Ah, qué buenas discusiones tuvimos sobre ese tema! Perdón, que me disperso.)

Según ese enunciado siempre hemos estado aquí y siempre estaremos. Físicamente formamos parte de un todo inamovible.

¿Y si un día la ciencia es capaz de demostrar que tenemos memoria genética?
¿Y si llegamos a "recordar" qué o quién fuimos en otras épocas anteriores?
¿Tendría entonces sentido el karma?
¿Nos serviría para crecer y llegar a la perfección?

En fin, tantos días con CreateSpace tenían que tener sus consecuencias.

martes, 14 de octubre de 2014

CreateSpace y la madre que lo parió.

Estoy enfrascada en la preparación de la publicación de mi última novela en papel y quiero compartir con vosotr@s algo que a algun@s os será ajeno, pero otr@s conoceréis mejor que yo. 

Si tuviese que escoger una frase que definiese esta entrada, esa frase sería una pregunta:

¿Quién me manda a mí meterme en este embrollo?

Es una pregunta trampa porque está claro que me he metido yo solita (con la colaboración de algun@s amig@s y familiares que no paran de decirme que quieren leerme en papel).

Una cosa es pasarte meses documentándote para escribir una novela. Luego pasarte un año escribiéndola, corrigiéndola, recortándola, volviéndola a corregir... Todo ese proceso lo tengo asumido, está en mi ADN (otra de las cosas que lo diferencia del ADN de la mosca de la fruta). 

Pero esto, lo de publicar, no tiene nada que ver con la tarea del escritor. Bueno, no tenía nada que ver, porque ahora...

Para publicar una novela en papel, de la forma más eficaz posible, o cuentas con un profesional o te pasas mil horas frente al ordenador apagando fuegos. 

Me he convertido en maquetadora. Lo que me ha supuesto leerme tropecientos artículos en inglés sobre cuál es el mejor interlineado y la longitud de línea ideal para que no resulte cansada la lectura. 

¿Y qué me decís de los tipos de letra? Parece que son mejor las serif, las de rabito. 

Hay que dejar espacio para el número de página, pero no poner número de página, eso lo hace el propio programa.

Los capítulos siempre en página impar, si te salen en página par le añades una hoja en blanco, pero después no cambies el interlineado o tendrás que volver a empezar (a mí no me ha pasado, ¿eh? Fiu, fiu, fiiiiu).

Y entonces, cuando tienes tu novela, tan bonita ella, que parece vestida para ir a bendecir la palma (¿Qué pasa? En mi época nos compraban zapatitos de charol y todo), Create salta al paso siguiente y te pide la portada. ¡Tócate las narices! Porque la portada de ebook no vale, esa solo es frontal y Create quiere una completita, con su trasera y su lomo. 

Y te quedas con cara de, ¿pero qué estás haciendo? ¿No eres tú la que dice que nadie tendría que tirar los cubos de palomitas en los cines, para que pongan más acomodadores y así dar trabajo a más gente? ¿Qué haces maquetando y haciendo portadas?

Entonces miro mis ventas en Amazon y lo entiendo todo. 

Hala, me voy a hacer unas tortitas de avena, que no dan dinero, pero quitan el hambre y no engordan.


lunes, 29 de septiembre de 2014

El ego del escritor

Dicen por ahí que los escritores somos uno de los colectivos con mayor ego de mundo. Es razonable pensar esto, si nos basamos en que tenemos la poco objetiva creencia de que lo que escribimos puede ser de interés para el resto de la Humanidad.

También ayuda, supongo, el hecho de que el trabajo de escritor se realiza en soledad. Esto es: tu ordenador, que rara vez te discutirá nada, y tú. Aunque en este caso también podríamos colocar a pintores, escultores y los músicos que crean solos. Incluso, si me apuras, a l@s bloguer@s, que gozáis de la misma sana compañía en vuestra labor.

Después de aquel desafortunado: "Yo he venido aquí a hablar de mi libro", es difícil contradecir a los que dicen que solo sabemos hablar de eso, de nuestros libros. Y eso no ayuda, precisamente, a rebajar la mala opinión sobre nuestro ego.  
También tenemos, en Facebook y Twitter, un escaparate perfecto para diseccionar el carácter del escritor permanentemente agobiado por lo que él llama mala suerte, que no es otra cosa que la falta de lectores. Pero, no os engañéis, de esos hay en todas las profesiones.  

Y no hablemos ya  de esos escritores, con éxito o sin él, que miran a sus compañeros de letras por encima del hombro, porque ellos sí que saben escribir y no el Ken Follet ese.

Sí, he de reconocer que después de lo visto parece que el ego del escritor tiene que estar subido en una escalera muy alta para que pueda verse los pies. 

Pero no siempre es así, os lo aseguro.

También está el escritor humilde, el que preferiría dedicarse a otra cosa, pero sus historias no le dejan vivir si no las escribe. El que sueña con que miles de lectores lean sus novelas sin saber siquiera de qué color es su pelo. El que se ruboriza cuando un lector le dice que se acostó pasadas las tres de la mañana, porque no podía dejar de leer su último libro.

La que se pregunta, tumbada en la cama boca arriba y con las manos bajo la nuca, por qué tantos lectores han elegido su novela, dedicando una porción de su vida a compartir las vivencias de unos personajes que ha creado ella.

Y doy fe de que en ese momento, el único ego que sobrevive, es el de una sencilla y mágica palabra: 

Gracias